La vida detrás de una webcam de porno

Aunque en pleno siglo XXI siga habiendo muchos perjuicios en torno al sexo, puesto que no cabe duda de que hay sociedades muy cerradas en ese sentido, las nuevas generaciones se lo toman de otra manera y ya hemos visto cómo las páginas web con webcammers continúan creciendo año tras año.

Por ejemplo, una de las webs líderes en el sector puede ofrecer hasta 10000 shows diarios de cam porno online, lo que supone unos 35 millones de visitas en la web y unos ingresos de unos 350 millones de euros al año, a pesar de que muchos usuarios solo utilizan la versión gratuita.

El lucrativo mundo del sexo

España y los países latinoamericanos forman gran parte del mercado en este sector. Para las chicas, en cuyos países laboral ha castigado duramente a los jóvenes en los últimos años, es una manera rápida y cómoda de ganar dinero. Si no tienes pudor ni te da vergüenza mostrar tu cuerpo al mundo entero, está claro que es un medio excelente para acumular ingentes cantidades de dinero.

Dentro de los shows públicos o privados, generalmente es la modelo quién decide hasta dónde quiere llegar. Se puede hacer una diferenciación entre webcams eróticas y webcams porno. Si bien funcionan de manera similar en cuanto a transacciones económicas, las webcammers que optan por hacer all in y prestarse a todo lo que piden los clientes, simplemente van un poco más allá con su exhibicionismo, y se muestran a través de la cámara mientras se masturban o mantienen relaciones sexuales con otra persona.

Mayor interacción con el usuario

Uno de los grandes atractivos respecto a las páginas porno más tradicionales, donde el reclamo son los vídeos porno, es que las webcammers interactúan en tiempo real con los espectadores. Esto permite una personalización de la experiencia sexual y las chicas incluso aceptan las peticiones de sus fans. Al fin y al cabo, ellos son los que pagan, ¿no?

Eso nos lleva a la típica discusión sobre si esto es prostitución o no. A fin de cuentas, se trata de una transacción donde se intercambia dinero por placer sexual. Si bien se podría comparar con el tema de las escorts, que ofrecen una compañía más completa y compleja que una prostituta tradicional, hay quienes piensan que lo único que cambia es el medio y el lugar, pero el mismo intercambio. De todos modos, seguro que las webcammers se sienten más seguras trabajando en su casa que teniendo que salir a buscar clientes.

Desde el punto de vista de los usuarios, dentro de los aspectos positivos destaca que es un mundo mucho menos rutinario que el de las páginas de vídeos X, donde al fin y al cabo casi te conoces las escenas y las actrices de memoria si eres un consumidor compulsivo, y es que hay gente que utiliza este tipo de webs a diario.